Nutrición

Desterrando mitos en nutrición: POPEYE Y SUS ESPINACAS

“Popeye el marino soy -pipi- y dentro de un buque voy… ”. ¿Quién no recuerda a este marinero comerse su bote de espinacas y convertirse en un boxeador invencible? Este superhéroe publicita las espinacas como responsables de su fuerza descomunal, siendo la supuesta cantidad de hierro que contiene esta verdura, la causante de dicha transformación. Sin embargo, la realidad es muy distinta. No esperéis conseguir semejante hinchazón de brazos tras comeros un buen plato de espinacas. Y es que los saberes populares no siempre funcionan…

 

 

Todo deriva de una errata

El origen de la historia ha de buscarse en un error científico que tuvo lugar en el siglo XIX. Un estudio alemán otorgaba a las espinacas una riqueza en hierro diez veces superior a su contenido real. Y todo surgió a raíz de un error de imprenta, en el cual, en vez de poner la coma en su sitio se corrió una posición más hacia la derecha. Esta “verdad científica” se impuso a las rectificaciones posteriores y se mantuvo durante años.

En 1929, el dibujante Elzie Crisler Segar crea el personaje de Popeye, inspirado en la creencia popular del alto contenido en hierro de las espinacas. Unos años después, coincidiendo con el inicio de la II Guerra Mundial, se detectó en los EE.UU. un alarmante aumento de anemias ferropénicas entre los niños. Las autoridades sanitarias americanas iniciaron campañas entre la población para popularizar el consumo de alimentos ricos en hierro. La fuerza adquirida por el marinero tras el consumo de espinacas fue, sin duda, el mejor reclamo.

 

Salud de hierro, de verdad

Uno de los principales problemas que presenta el hierro, es su limitada utilización nutritiva, al absorberse únicamente entre un 5 y un 20% del total contenido en los alimentos. Dicha absorción, viene fundamentalmente condicionada por la forma química en la que la molécula de hierro se encuentra en los alimentos.
El hierro de origen animal (hierro hemo) se absorbe mucho mejor que el hierro de origen vegetal (hierro no hemo). Por ello, las mejores fuentes alimentarias de hierro hay que buscarlas en las carnes y los pescados, en especial las vísceras destacando el hígado. Las carnes rojas y los embutidos de sangre, como la morcilla, son alimentos con un contenido en hierro destacado. Y si queréis hierro a raudales sin apenas grasa, nada mejor que las almejas, los berberechos y los mejillones.
En cuanto a los alimentos de origen vegetal, las espinacas junto con las acelgas, se encuentran entre las verduras de hoja verde con mayor contenido en hierro. Pero, aún así, encontramos otros muchos vegetales cuyo contenido en hierro supera al de las espinacas. Podríamos citar legumbres como la soja y las alubias, frutos secos como las almendras y avellanas y cereales como la avena y la cebada. Sin olvidar, que de la totalidad del hierro contenido en estas fuentes vegetales, sólo aprovechamos una pequeñísima parte. A muchos os habrán dicho que es bueno comer una naranja de postre si habéis comido legumbre. Se ha comprobado que, acompañar los vegetales ricos en hierro con otros alimentos ricos en vitamina C (cítricos, pimiento, tomate, etc.) o, con alimentos ricos en proteínas animales (pequeñas cantidades de carne, pescados, mariscos), facilita y mejora el aprovechamiento del hierro vegetal.
Con esto no quiero que penséis que no os recomiendo comer espinacas, puesto que son muy ricas en vitaminas, minerales y componentes antioxidantes. Hay muchas razones para incluirlas con frecuencia en nuestra dieta, pero el hierro no es una de ellas.